Martín Trampa y sus hombres no sabían francés, y Frechón pensaba engañarlos hábilmente y quedarse con todo el rescate a poco que la cosa se presentase bien.

Sin embargo, cuando Frechón llegó a Almandoz y vió que Martín Trampa era allí un reyezuelo, y que todo el mundo le obedecía por el terror, pensó que su asunto no marchaba tan bien y que quizá había hecho una imprudencia.

Al viejo Chipiteguy le habían metido en el último piso de un caserón y allí lo tenían vigilado.


II
MANIOBRAS DE FRECHÓN

Cuando Matías Frechón comprobó que el viejo Chipiteguy se la había jugado en el asunto de Pamplona, pensó, tarde o temprano, en tomar venganza. La ocasión se había de presentar a la larga o a la corta, y, efectivamente, se presentó. Frechón urdió pronto un proyecto que le pareció soberbio.

Para realizarlo necesitaba cómplices, decididos y valientes; Roquet, por entonces, estaba ya a las órdenes de Aviraneta, dedicado a maniobras políticas; Cazalet, el bohemio, no era hombre más que para intrigas de ciudad; perezoso y borracho, no podía actuar más que en el rincón del café o de la taberna.

Frechón, que espiaba a todos los españoles que venían a Bayona, supo que Gabriela la Roncalesa visitaba la posada de Iturri y conferenciaba con Aviraneta.

Frechón se presentó a la muchacha y la dijo que tenía algunos asuntos comerciales con los carlistas, y que, para resolverlos, necesitaba una persona de inteligencia que tuviera conocimientos entre los partidarios de don Carlos.