Damacho ederra, mozo valiente,
ella jostuna, él subteniente,
y ella le ha dicho milla bider
que le hacen falta bi charreter.
(Un militar le dice: "Amada hermosa, solamente tu cara me da a mí la guerra". Y ella contesta al punto: "No tenga usted miedo si tiene usted que ser mi bravo capitán". Bella damita, mozo valiente, ella costurera, él subteniente, y ella le ha dicho muchísimas veces que le hacen falta dos charreteras.)
El autor comprende que es un poco abusivo el poner tantas canciones insignificantes. A él le dicen algo, aunque a la mayoría de sus lectores, claro es, no le dicen nada. El autor es un individualista y las pone.
Uno de los traperos, medio ciego, sacó un caramillo de hoja de lata y se puso a tocar monótonamente la canción de Cadet Rouselle.
Después de esto, Patrich echó los pies por alto, se balanceó como una bailarina, lanzó ronquidos desvergonzados, puso la cabeza en el suelo, dió una vuelta y quedó sentado.
Poco después apareció Patrich, montando sobre unos zancos y andando en la taberna, casi tocando el techo. El enano jorobado se sentía así alto y poderoso.
El viejo Chipiteguy, que había permanecido durante todo el tiempo bebiendo y riendo, se citó para el día siguiente con Moisés Panighettus y se levantó para salir de la taberna de Ochandabaratz.