Al acercarse la primera galera a Valcarlos, una patrulla carlista se destacó en el camino.
—Alto, ¿quién vive?—gritó el jefe.
—Francia—contestó el hombre moreno de las patillas.
—¿Qué gente?
—Gente de paz.
—¿Tienen ustedes pasaporte?
Los dos hombres mostraron los documentos que llevaban.
Los carlistas, unos al parecer del Resguardo, otros de una partida que vigilaba la frontera, todos perfectamente desarrapados, quisieron atisbar lo que llevaba la galera.
—¿Qué va ahí dentro?—preguntó el que hacía de jefe de la partida.
—Figuras de cera para la feria de Pamplona—contestó el hombre de las patillas con marcado acento francés.