—¡Hombre! ¡Figuras de cera!—exclamó uno de los carlistas—. ¿No las podríamos ver?

—No están armadas.

—¿No dan ustedes algo para beber?—dijo uno de los facciosos desarrapados.

—Eso, el amo—contestó el de las patillas.

—¿Dónde está el amo de ustedes?

—No es nuestro amo. Es el amo de las figuras de cera.

—¿Y dónde está ese señor?

—Dentro de poco pasará en un coche.

—¿Por este camino?