EN MÁLAGA
Estando ya en la Península, Mendizábal me persiguió implacablemente; pero en Málaga hallé asilo seguro y protección. Mi amigo Thompson, comerciante inglés, me llevó a la casa de un conocido suyo. Visité al general don Juan San Just, que me acogió con gran amabilidad, y me dijo que podía estar tranquilo.
No obstante las muchas órdenes de prisión que se comunicaron contra mí, y las cartas particulares que se escribieron para desacreditarme pintándome como un intrigante sin honor y sin conciencia, hice allí muy buenos amigos.
Mi residencia en Málaga me proporcionó la ocasión de observar y conocer en globo las maquinaciones que se pusieron en juego desde la Corte para derribar el ministerio Istúriz, y las intrigas que se tramaron para acabar con los isabelinos y dejar a Mendizábal como dictador de España.
La muerte de los dos gobernadores, ambos isabelinos, la intervención de Escalante, los gritos que se dieron, todo, me hizo creer que en aquel ensangrentado motín andaban los partidarios de Mendizábal en unión de comerciantes y de contrabandistas.
Pamplona, mayo, 1921.
EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE JULIO
Aviraneta me aseguró varias veces que, a pesar de que había intervenido en los preparativos que se hicieron para la revolución en Málaga, en 1836, no tomó parte alguna en los sucesos ocurridos en las calles, y que ni siquiera los presenció. Como en el Diario de Pepe Carmona había una relación de los sucesos de aquella época, copié de él algunas páginas: