El barón estaba persuadido de que aquí había habido campamentos militares en tiempo de los romanos, y, efectivamente, se habla de que existió por estos contornos una ciudad llamada Bursa o Capadocia.

El barón pensó en convertir dos grandes eminencias que tienen en su altura una gran plataforma, próximas a Viana, en el campo atrincherado de Cabrera, con sus almacenes y sus cuarteles de campaña. El agua la tenía al pie, por donde corre el Tajo, y pensó en un sistema para elevarla.

Cuando volvimos al campamento de Cabrera y el barón de Rhaden explicó a don Ramón lo que había visto, éste le contestó:

—Estoy conforme con la opinión de usted, y esa base de Trillo me servirá para apoderarme de Madrid. Sólo me hacen falta treinta mil fusiles, que espero con ansiedad, pues tengo hombres que los empuñen.

El motivo por el cual Cabrera no pudo realizar su proyecto fué la ocupación por el Gobierno de la Reina de siete mil fusiles ingleses en el puerto de los Alfaques, en el acto de estar desembarcándolos de un bergantín inglés, y las disensiones que se suscitaron entre Maroto y Don Carlos, que produjeron el Convenio de Vergara.

—Aquí tiene usted quien hizo el Convenio de Vergara—dije yo al señor Kraft, mostrándole a Aviraneta.

El señor Kraft creyó que yo le hablaba en broma, y se rió, con la risa estólida que, en general, tienen los alemanes cuando creen que se burlan de ellos.

Después, con las explicaciones que le di, quedó maravillado y sintió una gran curiosidad por Aviraneta.

II.

Sentía el ingeniero prusiano gran entusiasmo y admiración por Cabrera y recordaba los años de su juventud con mucho gusto.