Aviraneta, a pesar de que no había conocido personalmente a Cabrera, lo emparejaba con Zurbano y con Narváez; y como éste acababa de presentar la dimisión del Gobierno que presidía, hablamos mucho de él. Se contaron varias anécdotas del Espadón de Loja.

—¿Usted conoce a Narváez?—le preguntó el prusiano a Aviraneta.

—Sí, lo conocí hacia el año 34, y formó parte de una sociedad secreta liberal fundada por mí.

—¿De una sociedad secreta liberal?

—Sí.

¡Aj!, ¡qué cosa más extraña!—exclamó el prusiano.

—Luego le volví a ver, después de su gran triunfo contra Gómez, en Arcos de la Frontera.

Aviraneta sonrió, y yo, como le conocía, supuse que recordaba alguna cosa.

—Cuéntenos lo que recuerde de Narváez, don Eugenio. Si hay una historia, venga la historia, porque supongo que detrás de esa sonrisa hay algo que valdrá la pena de que nos lo cuente usted.