III.
Pocos personajes me han parecido tan interesantes como Aviraneta en su trato. La desproporción entre su energía, su intuición y su poca fama, que en este tiempo había desaparecido, dejándole convertido en un hombre obscuro, me maravillaban siempre.
Generalmente ocurre lo contrario, y el hombre que conocemos que ha hecho algo grande nos sorprende por su pequeñez.
Recuerdo haber hablado con Castaños, con Mendizábal, con Espartero y otros políticos y militares famosos de nuestro país, y en la intimidad no daban ninguna impresión de grandes.
Aviraneta, como era metódico y recordaba haberme contado sus aventuras hasta llegar a Málaga desde Argel, tomó la narración donde la había dejado:
—Hecha la revolución en Málaga—dijo—me designaron a mí para ir, como delegado, a Cádiz. Las primeras ciudades andaluzas se alzaban negando su obediencia al Gobierno. Se quería ya claramente la Constitución de 1812, aunque modificada.
De Málaga marché a Cádiz en el Balear, en el mismo barco donde fuí de Valencia a Barcelona, y me albergué en la posada de las señoras de San Quirico, en la calle del Vestuario. Estas señoras eran muy liberales y amigas y partidarias mías.
Había una de ellas, Consuelo San Quirico, que era revolucionaria y republicana. Era muy graciosa, muy habladora y tenía unos lunares muy picarescos.
Consuelo San Quirico me contó cómo se había hecho la revolución en Cádiz.
—El movimiento lo inisiaron los isabelinos en la plasa de San Antonio—dijo—. En la tarde del día 28 de julio el Gobernadó militá pasó un ofisio al comandante de artiyería nasioná para que hisiese entregá su cañone a la brigada de marina. Semejante arbitrariedá y atropeyo irritó a los artiyero, que inmediatamente se reunieron en el baluarte de la Candelaria y cargaron la cuatro piesas, dipuestos a defenderse. A las nueve de la noche se oyeron viva a la Constitusión, y a las die y media lo tambore de la guardia nasioná tocaron generala reuniéndose en la plasa todo sus individuos mandando en seguida varios comisionaos para conferensiá con el gobernadó militá. Lo milisiano se pusieron sobre la arma; el batayón veterano de marina formó frente a su cuarté y el gobernadó sivil y la autoridade militare patruyaron con alguna fuersa de infantería y cabayería. El orden más completo reinaba en todas las filas, de donde salían por intervalo lo grito de «Viva la unión» y de «Viva la Constitusión del año 12». Pidió el primer batayón que se proclamara ésta, y comisionó a alguno individuo para explorá la voluntá de sus compañero. El resultado fué el aclamarse también en Cadi el código que aquí tuvo su cuna. A la cuatro de la tarde se juró la Constitusión; hubo colgaduras, repique de campanas e iluminasione, y fué nombrado jefe político don Pedro de Urquinaona.