—¿No cree usted en el amor?
—Poca cosa, la verdad.
—¡Pobre Elena!—exclamé yo.
—¿Por qué?—preguntó él—. Yo creo que para hacer feliz a una persona es mejor no sentir amor por ella.
—Es una tesis un poco extraña..., pero, ¿quién sabe?, quizá sea cierta.
Vidal, al salir de la botica, me dijo que sospechaba que de ninguna manera María Rosa aceptaría el escaparse con él dejando su familia.
Yo, al oír esta conversación, suponía que se trataba de una broma más que de un proyecto en serio.