«Excmo. Sr. D. Francisco Espoz y Mina.

»Madrid, 30 noviembre de 1835.

»Mi querido general: Por los beneficios que deben resultar a la justa causa y por el concepto que me merece el dador de ésta, el señor de Aviraneta, suplico a usted le considere como persona de confianza; de la buena inteligencia y acuerdo de ustedes no dudo resultarán motivos de satisfacción para todos, y en esta creencia preveo igualmente que accederá usted a mis deseos.

»Es de usted siempre afectísimo amigo, que besa su mano,

»J. A. y Mendizábal».

Los días siguientes fuí a ver a don Ramón Gil de la Cuadra. Ni en el ministerio ni en su casa pude encontrarle.

DON RAMÓN GIL DE LA CUADRA

Don Ramón Gil de la Cuadra era vizcaíno, de Valmaseda; había viajado por América, Filipinas y la India inglesa; era aficionado a las matemáticas y a las ciencias naturales. Tenía mucha suspicacia y era muy enemigo de la gente joven y activa.

Durante los años de la emigración, en Londres, después de 1823, se hizo tan íntimo de Mina, que se le consideraba como su mentor. Le escribía los planes de las conspiraciones y los proyectos futuros de los futuros gobiernos liberales.