Había también algunos republicanos y restos de la Sociedad Carbonaria, sociedad que había fundado en Barcelona un tal Horacio d'Atellis, en 1822, venido de Nápoles.

De estos carbonarios, la mayoría eran militares italianos y polacos, y en ellos se daba la tendencia de convertir los asuntos nacionales y locales en cuestiones de índole internacional.

A los pocos días de llegar a Barcelona conferencié con las personas importantes del partido liberal. Con quienes me vi con más frecuencia fué con Madoz, Bertrán Soler, Xaudaró, y algunos otros.

Don Pascual Madoz, a quien tú conoces, hacía entonces las veces de director en el periódico El Vapor Catalán. Madoz tenía relaciones con Mina, el cual le había empleado y dado varias comisiones lucrativas; era masón, y en esta época se sentía completamente catalán, y con Gironella, Llinás y otros había formado la confederación liberal de que te he hablado.

Gironella, el comandante de la Guardia nacional, era hombre rico, un tanto fatuo y adorador de cuanto diera popularidad. Tenía una casa importante y una hermosa quinta en Sarriá. Gironella era enemigo de Bertrán Soler, y me manifestó que con Bertrán él no colaboraba. Le pregunté si había alguna cosa seria entre ellos, pero no había mas que rencillas de pueblo.

Respecto a Tomás Bertrán Soler, era escritor y abogado, había publicado varios folletos y libros; ponía cuando firmaba debajo de su nombre, como un título, «Ciudadano español»; era un tanto pedante, aunque sincero y buena persona. Una de sus obras se titulaba España, libre por esencia, oprimida por los tiranos.

XAUDARÓ

Respecto a Ramón Xaudaró, era un hombre joven, elegante, de bigote pequeño y sotabarba; formaba parte de un club que se titulaba «Unitario», que al parecer quería reunir a los liberales de todos los matices; pero en este club mandaban los moderados, los masones y principalmente los plutócratas barceloneses. Xaudaró era hombre de dos caras, audaz, atrevido e inmoral. Sacaba dinero de todas partes.

—¿Cómo?—interrumpí yo—; yo he visto el retrato de Xaudaró en una estampa titulada: «Víctimas de la causa popular», al lado de Bravo, Maldonado, Padilla, Porlier, etc.

—¡Bah! así se escribe la Historia.—replicó Aviraneta.