—¿Usted quiere venir conmigo?
—¿Adónde?
—Al África, por el tesoro escondido.
—Hombre, yo no puedo, no tengo medios....
No quise decirle que me parecía una fantasía absurda esta historia del tesoro.
—¿De manera que usted me cede sus derechos?
—En absoluto.
—Está bien.
Allen se despidió de mí, y pocos días más tarde desapareció del pueblo.