VII
EL FUNERAL DE MI TÍO JUAN
Una impresión de la infancia que me causó gran efecto, fué el funeral de mi tío Juan de Aguirre.
Durante mucho tiempo constituyó un misterio el paradero del hermano mayor de mi madre, hasta que se supo que había muerto.
Comprobé, con esa penetración que es frecuente en los chicos, que en mi familia existía cierta reserva al referirse a mi tío Juan; ni mi madre, ni su hermana Úrsula, ni mi abuela, querían hablar del desaparecido, y este misterio y esta reserva excitaron mi fantasía.
Nuestra criada la Iñure, que era muy supersticiosa, me aseguró que el tío Juan no había muerto.
—¿Pues dónde está?—le pregunté yo.
—Está lejos de aquí.
—¿Y por qué no viene?