—¿No se ve a nadie?—preguntaba Ryp.

—A nadie.

—Habrán atravesado el río, quizá.

—Y, después de todo, ¿qué nos importa por ellos?—dijo van Stein.

—¡Qué nos importa!—replicó el otro—. A mí no me chocaría nada que el moreno sepa dónde está el tesoro.

Smiles y yo oímos la conversación; al dejar de distinguirse las dos voces, Smiles me dijo:

—No han encontrado nada.

—Es indudable.

No supe si alegrarme o entristecerme; no habiendo encontrado el tesoro, nos buscarían con más ahinco. Al hacerse de noche salimos de nuestro escondrijo, y, metiéndonos en la arena hasta la cintura, avanzamos por la playa. ¿Con qué objeto? No teníamos ninguno. De pronto, Smiles exclamó:

—¡Maldición! La luna llena. Nos van a descubrir.