Los holandeses son gentes que lavan con frecuencia las fachadas de sus casas y se cuidan de los más pequeños detalles; así que su país da una impresión de orden y de limpieza muy agradable.
Llegamos a Leyden, ciudad rodeada de agua por todas partes, con el río, un canal alrededor como el foso de una ciudad amurallada, y otros varios canales por las calles.
El pueblo estaba amotinado contra los franceses, que ya se habían marchado de allí; manera de amotinarse muy cómoda. Al parecer, los soldados de Napoleón, mientras ocuparon Leyden, no habían dejado hueso sano a los hombres, ni doncella íntegra en unas leguas a la redonda.
Los habitantes de Leyden se habían vengado de los invasores, cogiendo a los dependientes encargados del cobro de derechos que percibía el Gobierno francés, metiéndolos en toneles y echándolos al agua.
V
UNA INGLESA ANTIESPAÑOLA
Llegamos a La Haya y fuimos a la posada del Aguila de Oro. En la mesa se sentó junto a nosotros un comerciante inglés con su hija, muchacha muy bonita.
La inglesa, al saber que éramos españoles, expresó cándidamente su sorpresa.
—¿Por qué le choca a usted?—le preguntamos nosotros.