III
CHALON-SUR-SAONE

Chalon del Saona es una pequeña ciudad a orillas del río de este nombre, en la desembocadura del canal del Centro.

Tiene la antigua Cabillonum de los romanos hermosas fortificaciones, calles rectas y agradables, aunque algo tristes y lánguidas; buenos comercios, algunas fábricas de fundición, un Liceo, una Biblioteca, un pequeño Museo y varios centros de cultura.

Llegué a Chalon del Saona a mediados de otoño de 1811, y tuve la suerte de ir a hospedarme a la pensión de una viuda, señora de excelentes prendas, llamada madama Hocquard.

La casa de madama Hocquard era un poco triste: estaba en una calle estrecha y obscura próxima a la catedral, entre una imprenta y una tintorería, de cuyo fondo salía continuamente un arroyo de agua de colores.

Madama Hocquard, señora muy inteligente y trabajadora, tenía dos hijas, Berenice y Camila; la mayor, una belleza; la pequeña, Camila, muy bonita, pero un poco jorobada.

En la casa servía un mozo llamado Antoine, diligente y amable.

Madama Hocquard se desvivía para que no faltara nada a sus huéspedes, y los trataba con gran consideración.

Eramos siete u ocho constantes, gente seria y respetable: un magistrado, un canónigo, un ingeniero forestal, dos o tres empleados y unas señoritas solteras.

Me dieron a mí un cuarto que había dejado un profesor de literatura del Liceo, con un armario, en el cual quedaban diccionarios y varios libros clásicos.