Primeramente se descubrió una en Cádiz, y se mandó allí de comisario regio a Negrete, hombre que para mucho tiempo dejó fama de bárbaro por sus procedimientos inquisitoriales.
Esta conspiración inventada por el Gobierno, no tenía más objeto que limpiar Cádiz de liberales y de masones, atemorizarlos y hacerles huír.
Después se levantó don Francisco Espoz y Mina con la División Navarra, e intentó, en unión de su sobrino Mina el Mozo, del coronel Asura, de Górriz y de otros, apoderarse de la ciudadela de Pamplona, de noche, aprovechando un tumulto que debía estallar en la ciudad, y proclamar la Constitución.
El comandante de uno de los regimientos mandados por Mina, después realista célebre, don Santos Ladrón, fué el que denunció la empresa.
Ladrón era amigo de Mina el tío y rival y enemigo de Mina el Mozo. Los dos eran jóvenes; los dos, estudiantes; los dos, navarros de pueblos vecinos: Mina, de Idocin, y Ladrón, de Lumbier.
Ladrón era realista furioso; Mina el Mozo, liberal exaltado; Ladrón y Mina eran valientes; pero Mina, además, era audaz, conquistador, de estos mozos que arrastran a los hombres y se hacen querer por las mujeres.
La envidia de Ladrón por Mina influyó en el fracaso de la empresa liberal de Pamplona, que costó la vida al coronel don José Górriz y al mayor Cía, fusilados delante de los muros de la ciudad navarra.
Los españoles gozaron unos meses de calma.
La guerra de la Independencia había sido funesta para nuestra cultura.