—Es muy amigo mío.
—Yo también lo conozco. Es el que me ha dicho que vendrían españoles liberales aquí.
—¿Usted es italiana?
—Sí, soy de Roma. Mi nombre es María Visconti.
—¿Visconti? ¡Nombre ilustre!
—Para nosotros no hay nombres ilustres. Sólo la patria y la libertad son ilustres. Pero no quiero detenerle, barón. Vaya usted ahora con sus amigos. Quisiera de usted una cosa.
—¿A ver cuál es?
—Que mañana o, lo más, pasado, vaya usted por mi hotel.
—Iré.