—Sí.

—Un español, ¿no está siempre enamorado?

—No siempre. ¿Tenía usted algún interés en saber mi nombre?

—Sí.

—Pues me llamo el barón de Oiquina y en este momento estoy citado con algunos de mis compatriotas que trabajan allí para implantar la Constitución... No dirá usted que no tengo confianza.

—¿De verdad, es usted español?

—De verdad.

—¿Y liberal?

—Completamente.

—¿Conoce usted a Miniussir?