—No; yo, no.

—Y al Norte, ¿quién va?—preguntó él.

—Aviraneta y yo.

—¿Aviraneta? ¿Quién es Aviraneta?

Le di sus señas.

—Ah, sí... lo conozco... No me fío de él.

—¿Por qué?

—Un hombre que ha hecho la campaña con Merino no puede ser de los nuestros.

—Mi general, yo conozco la historia de Aviraneta. Fué la casualidad la que le llevó a pelear con el cura cabecilla.

—Sí, sí; pero toda esa gente de Merino no es de fiar; son salvajes, facciosos de corazón. ¡Aviraneta! ¡Tilly! ¡Qué se yo! ¡Y luego Renovales! No tengo confianza en Renovales. Es un loco; es un atolondrado, un farsante.