No hubo manera de convencerle; por más esfuerzos que hice para vencer su terquedad no conseguí nada, ni aun que su nombre patrocinara la empresa. Lo único que dijo es que él no disuadiría a sus amigos de que tomaran parte en la expedición. Solamente si llegara el caso de que Renovales sublevara las Provincias Vascas, o si el general Berton se presentara con grandes fuerzas a pasar la frontera, él entraría en Navarra; pero en las negociaciones primeras en que tomara parte Renovales preferiría no intervenir.

Conté a Aviraneta lo ocurrido y decidimos prescindir de Mina por el momento.

Escribimos a Renovales por conducto de un amigo de Aviraneta, comerciante en Bilbao en esta época, don Juan Olavarría; y éste contestó en seguida de parte del general diciendo que aceptaba la dirección del movimiento y el ser el primero en lanzarse al campo.

Necesitábamos agentes para relacionarnos con los amigos y buscamos hombres de confianza.

La casa de Basterreche nos proporcionó varios.

Uno de los buenos agentes fué Pedro Beunza, joven nacido en Urdax y dedicado al comercio. A éste lo enviamos a Pamplona.

Otro fué Cadet, el de Ustaritz, amigo de los Garat, a quien se envió a Vitoria.

Al tercero, otro francés, Julián Francisco Cognard, un muchacho jorobado, republicano, se le mandó a San Sebastián.

Al cuarto, un milanés, Cayetano Illuminati, le enviamos a Barcelona con una carta para don Francisco Mancha, que estaba allí de guarnición.