El quinto, que nos dió mucho que hacer, fué Paulino Couzier, gascón a quien nos recomendaron los amigos de Renovales como hombre de gran energía y audacia. Couzier vivía en Bayona, cerca de la Puerta de España, y tenía fama de republicano.

Aviraneta se entendió con él. Le dió tres mil pesetas y le envió a Madrid con orden de hablar con Manuel Santurio y Justo Galarza y hacer propaganda entre los militares.

El mejor elemento que teníamos era el de los guerrilleros reservistas, que había muchos.

Verdaderamente era indigno lo que hacía el Gobierno con los guerrilleros. Después de haber conseguido ellos el triunfo de Fernando, los iban retirando y dejando de cuartel en los pueblos. No se les consideraba presentables. Los militares de carrera los trataban con desprecio; al coronel don Bartolomé Amor le habían puesto un capitán adjunto, suponiendo que él no sabría cumplir su cometido, y en documentos oficiales se leían frases como ésta: Sólo entre guerrilleros y gente de la misma calaña...

Es lo que sucede siempre en las guerras; los que más se baten son los que menos ascienden y están menos considerados.

Entre los guerrilleros descontentos era donde encontrábamos más gente dispuesta a luchar por la Constitución.

Concluído lo que teníamos que hacer en Bayona nos preparamos a entrar en España.


IX
LOS LIBERALES DE BILBAO