«A los T ∴ 12 y 13.
Esta noche los T ∴ 1 y 3.º os esperan, a la una, en la plaza de la Cruz Verde.»—Oteroba.
Después redactamos esta carta:
«Al superintendente de Policía.
Esta noche, a la una, se reúnen varios conspiradores en la plaza de la Cruz Verde. No hay que vigilar antes, pues se darán cuenta. Caed sobre ellos a la una en punto.—Un amigo del orden.»
Aviraneta me invitó a mí, pero Arquez quiso también acompañarnos. Nos citamos a las seis en el Pretil de los Consejos. Estaba lloviendo. Bajamos la escalerilla del Pretil y entramos en el portal de casa de Aviraneta. Este nos llevó de puntillas a su cuarto y nos tuvo allí hasta la noche. Tenía preparado algo de comer, y para la excursión, una linterna sorda y una cuerda.
Dieron las doce en el reloj de Santa María de la Almudena y en San Justo, y los tres, Arquez, Aviraneta y yo cruzamos la casa, abrimos una puerta vidriera y aparecimos en el balcón corrido que daba al huerto de las monjas.
La noche estaba obscura. Seguía lloviendo. Aviraneta iba a atar la cuerda al barandado del balcón.
—Llueve mucho—dijo.