Les dijo que estaban descubiertos, que se salvaran, que hicieran desaparecer todo papel comprometedor, y aquellos miserables, que eran precisamente los traidores, le pusieron una pistola al pecho y lo prendieron.
El Gobierno recompensó a los sargentos y pagó las delaciones a buen precio. Se encarceló al cirujano don Baltasar Gutiérrez, al empleado don Juan Antonio Yandiola y al general O'Donojú.
Richart, Gutiérrez y Yandiola sufrieron el tormento en el potro; pero, como hombres de alma fuerte, no confesaron nada.
Pocos días después la policía prendió al sargento de Húsares Vicente Plaza, a un ex fraile, guerrillero de la Independencia, llamado fray José, conocido por sus ideas liberales y amigo de Richart, pero que no había entrado en la conspiración; a don Francisco Esbriz y a algunas otras personas.
El Gobierno no pudo averiguar de dónde había partido el complot ni quiénes lo dirigieron.
El 6 de mayo de 1816 don Vicente Ramón Richart y don Baltasar Gutiérrez, después de sufrir el martirio, fueron ahorcados y luego descuartizados por maese Juan, el verdugo de Madrid. Las cabezas de los dos conspiradores, separadas del tronco, quedaron expuestas al público en la Puerta de Alcalá, punto que se suponía había de ser teatro de la conspiración abortada.
Meses después, el 4 de julio del mismo año, fueron ahorcados en la plaza de la Cebada el sargento de Húsares Vicente Plaza, el guerrillero fray José y don Francisco Esbriz. Yandiola y O'Donojú fueron absueltos.
Después del fracaso de esta conspiración, y poco tiempo más tarde, se descubrió que Renovales estaba en Bilbao y que intentaba un movimiento. Aquello debió obedecer a una maniobra de agentes provocadores por el estilo de Couzier; luego se supo que Regato y su mujer habían estado en Bilbao y dado un banquete el día de San Joaquín a los amigos de Renovales; banquete en el cual se brindó por la Constitución, por la muerte de Fernando y por Carlos IV.
Para denunciar estos hechos fué a Madrid un tal Juan Antonio Carrera, probablemente enviado por Regato.
Los conspiradores de Bilbao, Renovales, Olavarría, Colombo, Olalde, Acevedo, tuvieron que andar huyendo a salto de mata, escondiéndose por el campo en las chozas y en las cuevas, hasta que se refugiaron en Francia; Arquez se marchó a Gibraltar; Istúriz tuvo que escapar de Cádiz.