—Lo malo de los verdugos es que no tendrán un santo patrono que interceda por ustedes.
—No; eso, no. Es verdad, eso nos falta; pero yo tengo a la Virgen de la Fuencisla, que intercederá por mí.
Con estas charlas, maese Juan, el verdugo y yo, nos entreteníamos.
XI
LOS SACRIFICADOS
No supimos hasta mucho tiempo después lo que había ocurrido en Madrid. A la casa del verdugo no llegaba noticia alguna.
El padre Madruga había muerto; pero, sin duda, era personaje de vida misteriosa y no se quiso hacer luz sobre su pasado.
Respecto a nuestra conspiración, quedó en la obscuridad. Solamente los triángulos 12 y 13, al ver que no podían denunciar el complot entero porque nos habíamos dado cuenta de su traición, delataron al comisario don Vicente Ramón Richart.
Richart, al saber que iban a prenderle por sospechoso, quemó todos los papeles comprometedores que guardaba y fué a casa de dos sargentos de Infantería de Marina, que formaban el triángulo con él.