—Después a España. Yo no cedo. Hasta que no le vea ahorcado a Fernando VII o, por lo menos muerto por cualquier otro procedimiento, no estaré tranquilo...

—Y María Visconti, ¿qué fué de ella?—preguntamos Arnao y yo a un mismo tiempo.

—María entró en un convento de Austria. Antes tuvo memoria y envió una miniatura con un retrato suyo y una cantidad de dinero bastante grande al Majo de Maravillas, el chispero.

De todos nosotros no hubo mas que uno que siguió en la brecha: Aviraneta.

Hace dos años me decían que había tramado un proyecto para ir a Azcoitia y quemar la casa de Don Carlos estando el Pretendiente dentro.

No me choca. Aviraneta es un liberal y un patriota monomaníaco. Ha presenciado tantos horrores, tantas brutalidades, que su alma está enconada y siempre intranquila...


—¡Pero qué energía indica eso!—dije yo.

—¡Ah! ¡Ya lo creo!—exclamó el barón—. El liberalismo en España ha tenido y tiene figuras admirables; pero nuestra historia de hoy es la historia de un país pobre, exhausto, aniquilado por tres siglos de aventuras en América... A nuestros hombres les ha faltado el pedestal... la masa, el pueblo... y también la cultura.