El ex fraile Arrambide daba en El Liberal Guipuzcoano la nota irónica y furiosamente anticlerical.

El Espectador y los periódicos liberales de Madrid copiaban las noticias de El Liberal Guipuzcoano. Al acercarse la invasión de los franceses con Angulema, el periódico, editado por don Rafael, tuvo un momento de importancia.

Don Rafael, al entrar el duque de Angulema, dejó San Sebastián, que estaba sitiado, y se volvió a Oyarzun. Nadie le molestó. Aquella fué toda su vida política.

Baroja conocía a Aviraneta, y celebraba mucho las ocurrencias de Eugenio, como le llamaba él.

Algunos días iba a la botica un señor de Irún que había estado en América, pariente mío, don José Antonio de Alzate.

Alzate era todo un tipo: muy alto, muy viejo, muy encorvado, siempre vestido de negro, con traje de riguroso invierno, y siempre con un paraguas.

Tenía la cara larga y roja, la nariz grande, los ojos grises, patillas blancas y el sombrero negro, de ala ancha.

Algunos detalles de su indumentaria denunciaban al indiano.

Alzate tenía una hija casada con un labrador rico vascofrancés, de Urruña, y se entendía muy bien con su yerno. Constantemente andaban los dos en un carricoche; el joven con las manos en las riendas, y el viejo con las manos en el paraguas.