A renglón seguido, para realzar la odiosidad de los aristócratas y realistas, hizo un cuadro, ennegrecido a propósito, acerca de la miseria que reinaba en Chalon, y pintó dos o tres escenas lamentables de frío y de hambre.

«Mientrastanto—concluía diciendo El Independiente—, los realistas, los traidores de Coblenza, los amigos de Austria y de Metternich se entregan a la orgía en unión de oficiales extranjeros enemigos de Francia...»

Así se engaña al pueblo y se le dan instintos de odio y de venganza.


VI
EL CHATEAU DES AUBEPINES

Durante una larga temporada no se oyó hablar entre los españoles prisioneros del depósito de deserción alguna. Al mismo tiempo, los asuntos del Imperio iban bien, y el Gobierno francés ordenó se nos tratara con más dulzura que al principio.

Se nos dieron licencias para salir al campo. Al terminar la primavera de 1812 estuvimos Ribero y yo invitados a pasar unos días en una finca de los Montrever: el Chateau des Aubepines.

Ribero se las prometía felices; pensaba que íbamos a hacer le diable a quatre, como dicen los franceses: la de Montrever, la de Hauterive, él y yo.

Yo, algo contagiado con su plácido cinismo, le dije que no se hiciera ilusiones, y él contestó: