Luego se marchó. Estuve unos minutos anhelante, lleno de turbación. De pronto se abrió la puerta y apareció madama de Montrever en mi cuarto...
¿Para qué insistir en este momento poco honorable de mi vida? No lo he querido callar, para que el descendiente mío que lea mi historia sepa que yo tampoco fuí virtuoso.
VII
PROYECTOS DE FUGA
La vida muelle del Chateau des Aubepines se terminó con una orden del comandante del depósito para que volviéramos en seguida a Chalon.
Como he dicho, el final del año 1811 y la primera mitad del 12 se pasaron sin oír hablar de deserción alguna; en cambio, durante el principio del 13, las fugas se hicieron tan frecuentes, que el Gobierno francés tuvo que tomar medidas severas para impedirlo.
El empleo de esta medida fué contraproducente, pues muchos que hasta entonces no habían tenido nunca el proyecto de escaparse, viendo el rigor con que nos trataban, prefirieron exponerse a ser cogidos y encerrados en un fuerte, a quedar sujetos a tan bárbaro despotismo.
Había entonces que acudir a tres listas diarias; no se podía salir de la ciudad con ningún pretexto, y era indispensable estar encerrado en el cuarto desde el anochecer.
El comandante del depósito nos trataba más como a presidiarios que como a oficiales y a hombres de honor.