Puissent mes vers, aimables comme toi,

en les chantant, te payer tes larguesses!

Corina, acercándose a nosotros, añadió:

Déja Zéphire annonce ton retour.

Y después, olvidándose de la poesía, llamó a mi amigo en voz alta.

—¿Ribero?

—¿Qué quiere usted?

—Vayan ustedes, su amigo y usted, a su cuarto. Van a tener una sorpresa.

Ribero me agarró del brazo y salimos del gabinete. Entramos en el pasillo y me dejó en mi cuarto. Al cerrar la puerta murmuró:

—Ellas decidirán.