—¿Y usted lo ha pedido?—dijo Ribero.

—La verdad, no he sabido qué—contestó ella.

Madama de Montrever me miró con sus ojos claros y brillantes. Yo estaba turbado. Luego comenzó a recitar una poesía de Parny: «La primavera de las flores»:

Printemps chéri, doux matin de l'année

console-nous de l'ennui des hivers;

reviens, enfin, et Flore emprisonnée

va de nouveau s'élever dans les airs.

Como yo conocía estos versos por habérselos oído a ella, seguí recitando:

Qu'avec plaisir je compte tes richesses!

Que ta présence a de charmes pour moi!