—¡Ah! Por eso no contestaba a mis cartas. Me consuelas. Ya estoy más tranquilo.

—¿Pero cómo no has intentado escaparte?

—Lo he intentado; pero todos mis intentos han fracasado. Los Pirineos están muy lejos.

—Bueno; pero ahora hay otro camino posible para huír.

—¿Cuál?

—El de Suiza. No hay mas que veinticinco o treinta leguas que recorrer.

—Sí, pero las fronteras están muy guardadas, y como Suiza está aliada con Francia, aun después de pasadas las líneas fronterizas hay el riesgo de ser entregado a los franceses.

—No, ahora no—replicó Aviraneta—. Después de la batalla de Leipzig y de la disolución de la Confederación del Rhin, Suiza se ha declarado neutral en la guerra con los aliados.

—No lo sabía.

—Sí; y por lo que dicen, a los españoles que han llegado allí los han acogido bastante bien y proporcionado los papeles necesarios para continuar su camino. Así que la única dificultad es pasar las treinta leguas que hay de aquí a la frontera. ¿Tú conoces los alrededores?