—Sí, en parte.

Expliqué a Eugenio el camino de la Bresse y la situación del Chateau la Foret.

Madama de Hauterive me había dicho que ella iba a pasar parte del invierno en su castillo y que me ofrecía hospitalidad en él.

—Si me dieran licencia como enfermo podía ir al Chateau la Foret y de allí fácilmente entrar en Suiza.

—No la pidas, porque no te la darán y suscitarás sospechas—dijo Aviraneta.

—Entonces, ¿qué hago?

—Puesto que tú conoces bien este país, arréglatelas como puedas para salir de Chalon y llegar a Lons-le-Saunier. Allí estaré yo y mandaré a mi antiguo asistente Ganisch a Saint-Laurent para que prepare el paso a Suiza.

—Yo no tengo dinero—le dije.

—Toma quinientos francos.

Y Aviraneta, con gran asombro por mi parte, me dió un montón de monedas de oro.