Decidimos comunicarnos por un sistema especial que me enseñó Eugenio. El mandaría una carta de amor, y entre líneas las instrucciones.
Después de quedar conformes, Aviraneta se fué. Le vi marchar por la calle con aire humilde, de cura, y doblar la esquina.
IX
DIFICULTADES
El invierno se presentó frío y cruel. Ya estábamos a principios de diciembre, y algunas personas, a quienes había yo confiado mi proyecto de marcha, me decían que era el mayor absurdo que podía hacer.
En esta época, todas las montañas del Jura y de los Alpes están cubiertas de nieve y es difícil atravesarlas no siguiendo el camino real. Por éste no se podía entrar ni salir de Francia mas que con documentos en regla, y había, no una, sino triple fila de puestos de guardia para registrar a cuantos pasaban.
Tales observaciones no me movieron a renunciar al plan, y comencé a dar pasos para agenciarme un carricoche en el cual salir del pueblo.
A mediados de diciembre recibí carta de Aviraneta; su amigo Ganisch, situado en Saint-Laurent, tenía ya hechos los preparativos necesarios para atravesar los Alpes.
Hacia el final de diciembre o principios de enero llegó a Chalon una noticia importante. Los aliados habían pasado el Rhin por Basilea y avanzaban a marchas forzadas hacia Belfort y el Franco-Condado. La noticia consternó al vecindario.