Pasamos la puerta.
—¿Por qué no le has dado algo?—le dije a Eugenio.
—¡Un cura dando dinero! Eso sería ponerse en contra de todas las tradiciones.
—¿Este hombre es de los vuestros?—le pregunté a Aviraneta al cabo de un momento.
—¿De cuáles?
—De los masones.
—¡Ca, hombre!
—Entonces, ¿qué preparativos tenías hechos?
—¡Yo!... Ninguno.
—¿Así que hemos salido al buen tuntún? ¡No tenías preparado nada! Y si me cogen a mí así vestido me pongo en ridículo. Me están dando ganas de volverme.