Heil, Kaiser, dir!,

palabras que parece quieren decir: ¡Salve, coronado de victoria! Soberano de la patria. ¡Salve, César!

Estos preparativos y estos cantos nos hicieron pensar si los franceses habrían pasado el Rhin de nuevo y si vendrían a atacar las pocas tropas que estaban allí acantonadas. Como no entendíamos nada de cuanto entre sí decían aquellas gentes y las veíamos armarse con tal precipitación, nos encontrábamos inquietos.

Nos reunimos en la calle con el dueño de la posada, y éste nos dijo que tales preparativos eran para recibir al gobernador o comandante del reino de Westfalia, príncipe alemán que iba a entrar momentos después en Colonia.

Ya más tranquilos, fuimos de nuevo a pasear. En las casas encendían hogueras y luminarias; la música del pueblo salía a una de las entradas de la ciudad para tocar a la llegada del príncipe. Toda esta gente armada formó en las calles próximas al Palacio del Gobierno y de Justicia, por donde había de pasar el gobernador, dejando en medio sitio suficiente para la comitiva.

A esta milicia, rápidamente organizada, parece que llaman en alemán landsturm, o leva en masa. La landsturm de Colonia se acababa de crear cuando salieron los franceses, y tenía por objeto defender el país en ausencia de las tropas, que en su totalidad habían pasado a Francia.

Aviraneta no quiso presenciar la ceremonia de recibir al gobernador y nos volvimos hacia casa. Antes de llegar a la posada, Eugenio nos propuso meternos en un café a tomar un ponche, y así lo hicimos. El café estaba vacío; como era natural, todo el mundo había salido con la landsturm a presenciar la entrada del príncipe.

Unicamente en una mesa vimos a un hombre alto con una porción de papeles delante. Nos sentamos a su lado y observamos que en los papeles tenía muchos cálculos complicados. Aquel hombre debía de ser algún profesor o inventor. De cuando en cuando hacía números y ecuaciones; luego se quedaba mirando al techo como esperando algo.

Daba la impresión de que para él no existían los demás.

Aviraneta, que era hombre que siempre le gustaba llevarme la contraria, señalando al desconocido dijo: