Hoy hemos sabido el final desastroso de Chapalangarra en Valcarlos. Fiado en su gloria de guerrillero y en el influjo que creía tener entre sus paisanos, supuso, como muchos de los nuestros, que bastaba su presencia para arrastrar a los amigos y hasta a los enemigos.
Al despedirse de nosotros, cerca de Dancharinea, Chapalangarra con algunos de los suyos fué a San Juan del Pie del Puerto. Llevaba a sus órdenes, según me han dicho, ciento cincuenta hombres. De éstos, unos cien eran aventureros franceses, casi todos parisienses, gente levantisca y poco disciplinada. Entre los españoles iba una partida que había reclutado D. Joaquín Cayuela con elementos heterogéneos, y algunos curiosos como el poeta Espronceda.
De Pablo abandonó San Juan del Pie del Puerto de noche y avanzó con toda su gente hasta Arnegui, aldea que tiene una parte española y otra francesa divididas por un riachuelo.
En Arnegui dejó los cien parisienses en un grupo de casas próximo a la carretera llamado Ventaberri, para tener, en caso de necesidad, la salida libre a Francia.
Hecho esto, él con un grupo de quince hombres a caballo avanzó hacía Valcarlos. Valcarlos, en vasco Luzaide, se encuentra en un valle estrecho al descender el Pirineo a la llanura de Francia.
El valle de Valcarlos es el final del Barranco de Roncesvalles, que comienza en su parte más alta cerca del santuario de este nombre y termina en Arnegui. Por esta garganta pasa el camino real que va de Burguete a San Juan del Pie del Puerto, y por su parte baja corre un riachuelo que contribuye a formar el Nive.
Chapalangarra al llegar a Valcarlos se instaló en la posada y comenzó a dar disposiciones para defender el pueblo.
Cuando llegaron los hombres de la partida de Cayuela y los demás españoles, tenían ya preparado el alojamiento en las casas cerca de la iglesia.
Mandó Chapalangarra traer materiales para cerrar la entrada de la aldea por el lado de Roncesvalles; pero como no había útiles ni herramientas no se pudo hacer nada.
Al día siguiente por la mañana al levantarse el caudillo supo que acababa de llegar un leñador con la noticia al pueblo de que por la carretera iban acercándose grupos numerosos de tropas realistas.