25 Octubre: tarde.

He tenido una larga conversación con Antula, que me ha hablado de sus hombres. ¿Qué hacen estos vascos, a los cuales no entiendo? ¿Qué piensan? ¿Qué proyectan?

Antula me ha hablado de ellos y de sus deseos y aspiraciones. Hay dos de cara alegre que siempre están hablando.

Por lo que me ha dicho Antula, se entretienen en pensar proyectos de comidas.

El uno hace un menú y el otro le pone objeciones, y al contrario. Discuten si empezarán su supuesto banquete con sopa de fideos o con sopa de pan, si son mejor las judías blancas o las rojas, y si un cochinillo asado es más propio para tercer plato que un cordero. Cada salsa, cada vino merece una discusión. Los demás les escuchan con gran interés y se ríen.

Otros hablan de brujas constantemente y se ponen a mirarse con los ojos alucinados, y hay uno de los nuestros que canta y sobre todo silba admirablemente. Le llaman Sosua (el mirlo). Sosua suele estar asomado a la muralla. Generalmente canta la primera voz y luego canta el acompañamiento; y no se contenta con cantar una vez, sino que canta muchas veces hasta aburrirse. Hoy le ha dado por una tonada triste.

—¿Qué dice, qué significa lo que canta?—le he preguntado a Antula.

—Es una canción del país del Sul que se llama Uso churia—me ha dicho el leñador.

—¿Qué significa?