Añadió que la persecución en territorio francés duraba; pero que en aquel momento la Guardia Nacional de Urruña y un pelotón del 63 regimiento de línea había intimado la detención a los realistas y la rendición y la entrega de armas a los liberales.

Llevaba una hora en el caserío, cuando aparecieron Alí y el tío Juan. Este venía desencajado apoyado en el otro, sin poder respirar.

—¿Está usted herido?—le pregunté.

—No; el pecho, la fatiga... Me muero.

Se tendió en el montón de helechos en donde yo estaba, tenía una disnea que no le dejaba alentar.

En esto Alí me dijo que Aviraneta y Miguel Aristy se hallaban en un cochecito a la puerta. Era cierto.

—Suba usted—dijo Aristy.

—Aquí hay otro amigo—exclamé.

—¿Un español?—preguntó Aristy.