—Sí.

—¿Quiere usted llevar una carta a madama de Aristy?

—No tengo inconveniente.

Darracq se sentó a la mesa, cogió un lápiz y papel y vaciló.

—Es difícil decir esto—murmuró.—Casi será mejor darle el recado de palabra. Dígale usted a madama de Aristy que el tío Juan, el guardabosque, está muy grave. El tío Juan es pariente muy próximo de madama Aristy.

—Está bien; se lo diré.

Aviraneta marchó a pie a Ustariz.

El tiempo estaba claro. El viento soplaba con fuerza. La veleta de Gastizar rechinaba, y el dragón seguía amenazando a todo el mundo con la flecha de su lengua.