En Gastizar y en Ustariz estaban contentos después de la caza del dragón. Ya no pasaba nada en el pueblo. La rueda de la existencia oscura seguía girando constantemente: Nacer, vivir, morir. Nacer, vivir, morir...
A veces algún romántico se preguntaba si mejor que la inmovilidad, que la vida monótona e igual, no sería tener una veleta inquietante y perturbadora como la de Gastizar en el torreón de su casa.
Madrid, Febrero 1918.
FIN DE LOS CAUDILLOS DE 1830