—Mi plan sería contar con San Sebastián y con Santoña antes de la expedición. Teniendo estas ciudades y asegurado el paso de San Sebastián por la frontera, se podría hacer mucho.
—Ah, claro. ¿Y contaba usted conmigo para trabajar en Santoña?
—Sí.
—Pues, hombre, no puede ser. Yo soy demasiado conocido en mi tierra y me prenderían inmediatamente al llegar. ¿Usted piensa entrar en San Sebastián?
—Es posible; pero no diga usted a nadie nada.
—Descuide usted, nadie lo sabrá. ¿Usted cree que se podrá hacer algo?
—No sé; pero creo que vale la pena de verlo... hablar con los oficiales y soldados, ver lo que piensan.
—¿Usted está convencido de que en esta ocasión Mina obra de buena fe?
—¡Qué duda cabe!