—Descuide usted—contestó D. Eugenio.

Y los dos hombres, después de darse la mano, salieron de los arcos y se separaron.


IV.
LA TINTA SIMPÁTICA

Al día siguiente por la mañana Aviraneta contó a Eusebio de Lacy y a Ochoa lo que había hablado con Mina y con el intendente Aguado; expuso a los dos jóvenes su plan, que lo aceptaron con entusiasmo, y decidieron mandar un aviso a Campillo para hablar con él.

Le citaron para después de comer en el café del Comercio. Estuvieron Lacy, Aviraneta, Campillo, en mesas separadas como si no se conocieran, luego se levantaron uno tras otro, recorrieron el puente de Saint Esprit, cruzaron el barrio de los judíos y fueron al campo por la carretera de Burdeos.

Se sentaron en un ribazo al pie de un olmo, y Aviraneta contó su conversación con Mina y explicó su idea de tantear San Sebastián y Santoña, y las ventajas que tendría de poder realizarse su proyecto.

Campillo no era de los enemigos declarados de Mina, pero desconfiaba.

—¿Y cuál es el plan de usted?—preguntó Campillo.