Uno de los contertulios amigo de Mina era Ramón Corres. Corres parecía un hombre pacífico y grave aunque en realidad no lo fuese tanto.

Corres había tomado parte en la guerra de la Independencia y en las luchas del 20 al 23 en las que se batió con denuedo a las órdenes de Labisbal. Después emigró, fué a la isla de Jersey y allí se estableció de chocolatero, oficio que tenía en Marañón antes de la guerra de la Independencia. Corres estaba dispuesto a seguir a Mina. En la tertulia de Olavarría se celebraba su candidez y su simplicidad.

Una de estas noches al salir de casa de Olavarría se encontraron Aviraneta y Lacy con Campillo. Como llovía a chaparrón fueron a pasear a los arcos de la Galuperie, que en aquel momento estaban desiertos.

Campillo dijo que acababa de entrar en el Adour un quechemarin de Santoña; que el patrón, un convecino suyo, era un hombre honrado y de toda su confianza, y que había pasado la tarde y parte de la noche en su compañía.

—Le he esperado a usted para decirle que se presenta una buena ocasión para escribir a mi hermano; y como yo no sé poner las cosas en claro, quisiera que lo hiciera usted.

—Muy bien—dijo Aviraneta.—¿Cuánto tiempo va a estar aquí el quechemarin?

—Estará un par de días.

—Entonces hay que escribir en seguida.