—Sí.

—Bueno; ahora me pondré yo a redactar las instrucciones, mañana las consultaré con usted y con Mina, y si están ustedes conformes las escribiré con tinta simpática y le enseñaré al patrón del barco la manera de emplear el reactivo para que él, a su vez, se la enseñe a su hermano de usted y aparezca lo escrito.

—Muy bien.

Salieron de los arcos de la Galuperie y fueron a casa. Aviraneta y Lacy se encerraron en un cuarto de la fonda de Iturri y estuvieron escribiendo disposiciones durante toda la noche, buscando el modo de sintetizar y de poner las cosas claras.

Durmieron un poco por la madrugada, y a media mañana Aviraneta buscó a Aguado y en su compañía fué a leer su plan a Mina. El general estaba en la cama. Oyó atentamente lo escrito por Aviraneta, y dijo:

—Está bien, muy bien. Es usted un maestro.

Después le leyeron las clausulas a Campillo, que también dió su aprobación.

Aviraneta escribió entonces con tinta simpática y con letra muy apretada sus indicaciones. Encima redactó, de manera corriente, una carta de comercio.

Llegó el patrón del quechemarin, se le enseñó la carta y se le dijo la manera de descubrir lo escrito con tinta simpática empleando el frasquito del reactivo.