Por Valcarlos, a seguir el camino de Pamplona, iría Chapalangarra con un ciento de voluntarios parisienses y algunos aventureros españoles, entre ellos el poeta Espronceda.
Por los Alduides cruzaría el general Espinosa, que se encargaría del mando de Navarra. Parte de sus tropas, al mando de Barrena, Sarasa y León Iriarte, avanzarían al oeste en dirección del Baztán.
Con esto, las tropas destacadas hacia la parte occidental de los Pirineos por el Gobierno de Fernando tendrían que dividirse. Algunas de ellas, comprometidas, se esperaba que hicieran causa común con los liberales.
Mientras Sarasa y Barrena levantaban el Baztán, Espinosa, marchando al Este, provocaría el alzamiento de los valles más liberales de las Aezcoas y del Roncal, que se darían luego la mano con los valles del Pirineo aragonés en donde operaría el general Plasencia.
Mina, dejando partidas que recorrieran los puntos desde Urdax hasta Irún para conservar las comunicaciones con Francia, y obrando en combinación con las fuerzas de la columna de Espinosa debía llamar sobre sí la atención del grueso del ejército español.
El general Plasencia se correría por Oloron, llevando a sus órdenes al coronel Domínguez, al canónigo Barber y algunos otros conocedores del país.
Méndez Vigo, con sus doscientos hombres, la mayoría carbonarios italianos y polacos, le secundaría avanzando hacia el Roncal. Se le reuniría después Vázquez Roselló que se encontraba en Orthez.
Gurrea, que estaba en Bagneres de Bigorre, operaría en el Alto Aragón.
En Cataluña, la mayoría de los militares que pensaban tomar parte en la empresa era poco adicta a Mina, pero casi todos ellos se habían comprometido a cooperar en el movimiento.