Don Evaristo San Miguel, nada afecto al caudillo navarro, había recibido un mando de la Junta de Bayona, que llamaban minista, y fué a Perpiñán a reunirse con el ex diputado D. José Grases, amigo de Torrijos, para preparar la entrada en Cataluña.

Una de las columnas la mandaría Milans del Bosch llevando a Baiges como segundo; otra Miranda, y pasarían ambas por la Junquera. La tercera columna, al mando de San Miguel, entraría por Andorra.

En combinación con los movimientos en la frontera francesa, se esperaba la salida de Torrijos, Manzanares y Palarea, que partirían de Gibraltar y marcharían por la carretera hacia Madrid. La tropa de Marina y la guarnición de Cádiz estaba, según se decía, ganada por los liberales.


XI.
LOS REALISTAS

El Gobierno de Calomarde no se dormía mientras tanto. Se dieron órdenes rigurosísimas para vigilar la frontera, y se pusieron a precio las cabezas de Mina, Jáuregui y otros jefes.

Calomarde excitó el celo y prometió recompensas a los militares. Toda la plana mayor del realismo se preparó con entusiasmo para rechazar la anunciada invasión de los constitucionales.

El general D. Manuel Llauder, virrey de Navarra, con el segundo cabo de la plaza de Pamplona, D. Santos Ladrón, comenzó a pasar revista a sus fuerzas; el capitán general de Guipúzcoa, don Blas de Fournás, preparó las suyas.

Al mismo tiempo los tercios realistas, mandados por Verástegui, Eraso, Juanito el de la Rochapea (Juan Villanueva), Uranga y Sáinz de Pedro, se acercaron a la frontera.