El tercer batallón del regimiento del Príncipe se trasladó de Zaragoza a Jaca y de aquí al valle del Baztán avanzando hacia el Bidasoa. Se acercaron a Vera dos batallones de Cazadores y el regimiento de Mallorca. El primer batallón de la Guardia de Honor de Bilbao se estableció en Hernani.
Las instrucciones que había recibido Llauder eran terribles. Por los decretos del 16 de Septiembre y de 1.º de Octubre, todos cuantos cayeran en sus manos debían ser inmediatamente pasados por las armas.
El 11 de Octubre se le previno a Llauder para que no diera cuartel.
Llauder era un cuco, que no creía que el absolutismo fuera eterno, y mandó a su ayudante a Madrid para que se presentara a Fernando VII y le intentara convencer de que una severidad excesiva sería perjudicial. En el momento de la lucha, Llauder dejó escapar algunos grupos de liberales que hubiera apresado con facilidad de proponérselo.
Los tercios realistas, de los cuales tenían que salir cuatro años después los partidarios de don Carlos, se movieron con entusiasmo fanático. A ellos no había necesidad de recomendarles que no dieran cuartel. Estaban dispuestos a matar con una fe digna de buenos cristianos.
De estos tercios, Alava dió un gran contingente. De Vitoria salieron cuarenta compañías formando tres columnas. Una la mandaba D. Valentín de Verástegui; fué a Tolosa y de aquí se acercó a Oyarzun y a la peña de Aya; otra salió a las órdenes del coronel D. José Uranga y se dirigió por Salvatierra a Cegama y a Segura y de aquí a la frontera; la tercera, mandada por D. Casimiro Sáinz de Pedro, avanzó por Santa Cruz de Campezu a tomar el camino de Estella y después el de la alta Navarra.
Guipúzcoa tenía ya de antemano algunas compañías de voluntarios realistas en Irún; más tarde, a instancias del general realista Villalobos, la Diputación envió dos batallones completos de refuerzo, quedando los seis restantes en San Sebastián dispuestos para acudir al primer aviso al sitio indicado.
En Navarra, D. Juan Villanueva (Juanito) con el teniente D. Miguel de Sagastibelza se acercó al valle del Baztán, y D. Francisco Benito Eraso se presentó en la frontera por el lado de Burguete a vigilar sus inmediaciones.