—Al enviarle las cartas a usted ¿no decía nada?

—Sí; me escribía un papel lleno de mala intención para mí.

—Está bien. Tranquilícese usted. Encontraremos al chico—dijo Aviraneta.—El chico no está perdido, está robado, y una de las mujeres del Chalet de las Hiedras lo ha mandado robar.

La opinión de Aviraneta era también la de Aristy.

—Ahora vamos a ver qué hay que hacer—dijo Aristy.

Aviraneta llamó a Tilly y los tres deliberaron. Era indudable que Simona, si era ella la que había preparado el robo del chico, no se había entendido con Mandharra, porque ella no sabía el vascuence ni el chico el francés. Simona se había valido de algún intermediario, probablemente de Marcos.

Aviraneta, Aristy y Tilly decidieron volver al pueblo y apoderarse de Simona y de Marcos, y obligarles a decir dónde estaba el niño.

Antes de salir de Chimista, Aviraneta preguntó al marido de Fanchon:

—¿Por este camino hacia el monte, en una legua o en dos, hay alguna cueva?