Cualquiera al oir a los nuestros hubiera dicho que iban a ser unos héroes; pero no se han portado heroicamente, sino todo lo contrario.

La fuerza de Valdés venía dividida en cuatro compañías: una de extranjeros, mandada por don Francisco Mancha; otra de vascos, semi-independiente, la partida de Leguía; otra de navarros y aragoneses, a las órdenes de Malpica, y un grupo de oficiales al frente del cual va López Campillo.

Estas compañías se han formado con ochenta o cien hombres y cada una tiene sus oficiales y sus sargentos. Los soldados ganan treinta y cinco suses, o sean siete reales diarios.

Yo voy de ayudante del coronel Valdés, y Ochoa, con el mismo cargo, a las órdenes de Campillo.

Llevamos algunos soldados muy buenos y otros muy malos. Las tropas vascas y las navarras son las mejores, conocen el país y se encuentran entre los suyos; las extranjeras son las peores; están, naturalmente, formadas por lo más perdido de cada casa.

No se ha podido contar con los oficiales franceses liberales, porque el Gobierno de Julio los ha aceptado a todos en las filas del ejército.

Descontados éstos que hubieran sido útiles, los que han quedado en nuestras filas son aventureros, gente de presidio más que militares.

Ya a primera vista salta la poca unidad espiritual de esta tropa. Entre los extranjeros hay la más completa diversidad de tipos y de actitudes, se ven hombres que tienen el aire nórtico de un noruego, gentes rubias de cabeza pequeña y ojos azules, al lado de otros que parecen italianos del mediodía con el pelo crespo, los ojos negros y la mirada viva. Hay una gran variedad en la expresión de los unos y de los otros; éste tiene rasgos de energía, el otro de astucia, el de más allá de cobardía y de cinismo.

En cambio, entre los vascos de Leguía hay tal unidad en la expresión, que parecen todos de la misma familia, y sólo fijándose en ellos, uno a uno, se advierte que no se parecen en los rasgos de la fisonomía. En todos ellos se ve una mezcla de audacia y de atención; más que soldados parecen cazadores que van a un ojeo.

Entre los extranjeros hay algunos muy curiosos. Uno de ellos es el guardabosque de Ustariz, amigo de Malpica.